Peter Milligan lo logró de nuevo. Le puso ganas al guion, pensó en unas cuantas premisas interesantes con la famosa vuelta de tuerca en el medio (y no necesariamente al final) y se largó con tres historias más que -como siempre- combinan lo mejor del thriller psicológico (casi diría psiquiátrico) con tiros, líos y minas goldas. Curas, ex-revolucionarios, prófugos con los días contados. Chance asume estos y otros rostros con la caradurez de siempre y sale airoso de los dilemas más variopintos, logrando que como lector siempre le tenga simpatía. El dibujo de Chiang no es una maravilla de por sí, pero cumple con creces casi todas las exigencias del guion; y las que no, las compensa de alguna forma con los divertidísimos extras. Espero poder leerme los dos tomos que me faltan pronto. Y si la calidad es más o menos lo mismo, sin duda me encuentro ante una joya absoluta de Vertigo. Lástima que no muchos hayan sabido apreciar su brillo.