En 1869, el periodista Henry Morton Stanley inició una expedición en busca del doctor Livingstone. El relato que escribiría posteriormente “constituye la narración arquetípica de un viaje de aventuras en el siglo XIX”. Más de cien años después, el escritor argentino Martín Caparrós siguió los pasos de Stanley para escribir la crónica de un viaje por el corazón de África.

“La magia de una buena crónica consiste en conseguir que un lector se interese en una cuestión que, en principio, no le interesa en lo más mínimo”, escribió Martín Caparrós para explicar su forma de entender un género que, en una primera definición, “es eso que nuestros periódicos hacen cada vez menos”. Cruzando la cima del periodismo, Caparrós alcanza a la literatura en Pole Pole, una crónica de poco más de diez mil palabras donde el lector encuentra auténticas perlas sobre el oficio del periodista a la vez que camina con el autor por el delgado alambre de la literatura de no ficción. Porque, utilizando sus propias palabras, lo que trata de ser Caparrós es “un cronista, uno que literaturiza el periodismo”. Hablando el autor, Roberto Herrscher escribía recientemente que “muchos lo consideran el actual pope de la crónica latinoamericana”.